Características de la Toalla de baño para bordar punto de cruz
- Composición: 100% algodón, felpa rizo americano.
- Tamaño: 100×150 cm.
- Altura trama tela Aida: 9 cm.
- Color blanco. Pregúntanos disponibilidad para otros colores.
- Gramaje: 460 gr/m2. aprox.
- Bordes reforzados: Resistente al uso frecuente y lavados intensivos.
- Para darle una bonita y larga vida útil sigue las instrucciones de lavado de la etiqueta.
- Fabricada en Portugal.
Esta toalla tiene una fabricación semiartesanal, por lo que las medidas de cada pieza pueden variar en algunos centímetros respecto a las medidas generales que indicamos.
Puedes crear tu propio set de toallas para bordar con punto de cruz adquiriendo tamaños adicionales: bidet (30×50 cm) o baño (100×150 cm).
Punto de cruz: una técnica milenaria con mucha historia
El arte de bordar punto de cruz es una de las técnicas de costura más antiguas y universales del mundo. Aunque sus orígenes exactos son difíciles de trazar, se han encontrado evidencias de esta puntada en fragmentos textiles de la antigua China y en ajuares funerarios del antiguo Egipto. Lo que comenzó como una necesidad técnica para unir piezas de tela, evolucionó rápidamente hacia una de las formas de ornamentación más valoradas por las civilizaciones.
De la ruta de la seda al Renacimiento
Durante los siglos X y XI, la técnica se expandió por Europa gracias a las rutas comerciales y las Cruzadas. En la Edad Media, el punto de cruz era un símbolo de estatus, reservado para los ornamentos de la Iglesia y las vestiduras de la alta nobleza. Sin embargo, fue en el Renacimiento cuando se consolidó como una práctica educativa fundamental. Las jóvenes de todas las clases sociales comenzaron a elaborar «dechados» o samplers, telas donde practicaban abecedarios y cenefas que más tarde utilizarían para marcar y personalizar el ajuar familiar.
El siglo XIX: La era de los patrones
La verdadera revolución para bordar punto de cruz llegó en el siglo XIX. Con la invención de la impresión en color, aparecieron los «patrones de Berlín», esquemas en papel cuadriculado que permitían a cualquier persona seguir diseños complejos con exactitud. Esto, sumado a la producción industrial de hilos de algodón mercerizado de alta calidad, democratizó la labor, convirtiéndola en el pasatiempo favorito de los hogares.
Un legado vivo
Hoy en día, el punto de cruz ha trascendido lo doméstico para integrarse en el diseño contemporáneo. Se valora no solo por el resultado estético —único y artesanal— sino por su valor terapéutico. En un mundo digital, dedicar tiempo a contar hilos y cruzar puntadas se considera una forma de meditación activa. Ya sea en una toalla, un cuadro o una prenda, esta técnica sigue siendo la forma más noble de dejar una huella personal que perdura a través de las generaciones.




